• Diabetes FEDA

    La diabetes es una enfermedad metabólica incurable que afecta a un 3-6% de la población. Se trata de un síndrome donde se produce una deficiencia parcial o total de secreción de insulina (hormona encargada de reducir el nivel de glucosa en sangre) por el páncreas y/o una resistencia a la insulina. Además puede provocar otras condiciones importantes en la salud como ceguera, amputaciones, enfermedad renal o cáncer. En España se diagnostican hasta 8.000 y 300.000 nuevos casos al año de diabetes tipo 1 y tipo 2, respectivamente. Esto supone un gasto sanitario medio de más de 4.000€ por paciente al año (Ruiz-Ramos et al., 2006).

    La diabetes tipo I suele tener un alto componente genético, se produce por un inadecuado funcionamiento del páncreas y la padecen alrededor del 5-10% de los diabéticos, en su mayoría niños y personas jóvenes (Diabetes UK, 2000). Su única forma de tratamiento es la inyección diaria con insulina. La diabetes tipo II la padecen el 90-95% de los diabéticos y tiene una incidencia predominante en adultos aunque, lamentablemente, cada vez se dan más casos en niños debido a los problemas de sedentarismo y obesidad infantil. Se produce debido a una pérdida progresiva con el tiempo en la secreción de insulina que podría ir acompañada también de una resistencia a la insulina por parte de los tejidos. Este tipo de diabetes puede controlarse en personas con sobrepeso mediante un cambio del estilo de vida que puede incluir un incremento de los niveles de actividad física y una dieta apropiada para reducir el peso corporal y los niveles de lípidos en sangre, aunque también puede requerir de tratamiento con inyecciones de insulina. Asimismo, durante el embarazo también se puede dar otro tipo de diabetes conocida como diabetes gestacional y que suele aparecer alrededor de las 24-28 semanas de gestación. Además, antes de que aparezca la diabetes, una persona puede ser diagnosticada de prediabetes, donde los niveles de glucosa en sangre se sitúan por encima de lo normal, aunque no tan altos como para diagnosticarse una diabetes (Colberg et al., 2016).

    En todas las anteriores condiciones, la actividad física regular puede jugar un rol fundamental en la diabetes. Varios estudios han demostrado que un aumento de los niveles de actividad física reduce el riesgo de padecer diabetes tipo II (Manson et al., 1992; Helmrich et al., 1991; Hu et al., 1999). Por ejemplo, un aumento del gasto energético semanal de sólo 500 kcal mediante actividad física puede reducir un 6% la diabetes tipo II (Helmrich et al., 1991). Durante un entrenamiento, las necesidades de glucosa por los músculos pueden aumentar hasta 7-20 veces más que en reposo (Jeng et al., 2003). De esta forma, se produce un aumento transitorio de la sensibilidad a la insulina y el transporte de la glucosa a los músculos (Lutoslawska, 2000), lo cual nos indica la importancia potencial del ejercicio sobre la regulación de la glucemia en diabéticos tipo II. Además, el efecto beneficioso del ejercicio sobre la reducción de la masa corporal y la presión arterial también se ha relacionado paralelamente con una reducción de la resistencia a la insulina (Esler et al., 2001). Otros estudios han demostrado que en la diabetes tipo 2, el ejercicio mejora el control de la glucosa, reduce los factores de riesgo cardiovasculares, contribuye a la pérdida de peso, aumenta el bienestar (Chen et al., 2015; Lin et al., 2015) y puede prevenir o retrasar el desarrollo de la enfermedad en personas sanas o con prediabetes (Schellenberg et al., 2013). Además, el entrenamiento regular también consigue beneficios en pacientes con diabetes tipo 1 como un aumento de la sensibilidad a la insulina, una mejora de la condición física cardiovascular y muscular, etc (Yardley et al., 2014).

    El entrenamiento de la fuerza muscular no parece tener un claro efecto en el control de la glucemia en pacientes con diabetes tipo 1 (Tonoli et al., 2012), sin embargo sí que puede ayudar a minimizar el riesgo de sufrir hipoglucemias durante el ejercicio (Yardley et al., 2013). En este sentido hay que tener en cuenta que realizar el entrenamiento de la fuerza antes que el entrenamiento cardiovascular reduce la probabilidad de sufrir hipoglucemia en mayor medida que organizando la sesión al contrario (Yardley et al., 2012). En personas con diabetes tipo 2, se ha observado que el entrenamiento de la fuerza mejora el control glucémico, la resistencia a la insulina, reduce grasa, mejora la tensión arterial y aumenta la fuerza y la masa muscular (Gordon et al., 2009).

    Por otro lado, los pacientes con diabetes tipo 1 y tipo 2 que realizan un entrenamiento cardiorrespiratorio regular suelen tener un menor riesgo de enfermedad cardíaca y de mortalidad inferior (Sluik et al., 2012). Este tipo de entrenamiento también es capaz de mejorar la condición física cardiorrespiratoria, reducir la tensión arterial y la resistencia a la insulina (hemoglobina glicosilada) y mejorar los niveles de triglicéridos y la función endotelial (Sluik et al., 2012, Chimen et al., 2012). Además, los entrenamientos interválicos de alta intensidad (HIIT) consiguen mejoras más rápidas en la sensibilidad a la insulina y sobre el control glucémico en pacientes con diabetes tipo 2 (Jelleyman et al., 2015, Little et al., 2011), sin empeorar el control glucémico en la diabetes tipo 1 (Dubé et al., 2013, Tonoli et al., 2012). Se detallan a continuación detalles a tener en cuenta a la hora de entrenar con diabetes (Colberg et al., 2016):

    Recomendaciones de entrenamiento para personas con diabetes tipo 1:

    • La actividad física está recomendada en todos los adolescentes y adultos con diabetes tipo 1.
    • Es necesario regular en cada persona el tipo y el tiempo de entrenamiento, ya que las respuestas en la glucemia son muy variables.
    • Pueden ser necesarias ingestas de carbohidratos así como reducciones en la dosis de insulina para mantener el equilibrio de glucosa durante y después de la actividad física.
    • Siempre se debería de medir el nivel de glucemia antes de realizar ejercicio físico.
    • Se deberán realizar pruebas de glucemia frecuentes a lo largo del día para ajustar las dosis de insulina y la ingesta de carbohidratos los días de entrenamiento. Además, pueden realizarse pruebas de glucemia continuas durante el entrenamiento para detectar hipoglucemias.

    Recomendaciones de entrenamiento para personas con diabetes tipo 2:

    • Realizar ejercicio diario (o no dejar de entrenar más de dos días seguidos) para conseguir una acción de la insulina más eficaz.
    • Se recomienda realizar entrenamiento de la fuerza junto con el cardiovascular para una mejora óptima en la salud y la glucemia.
    • En personas con alto riesgo de diabetes o con prediabetes se recomienda una reestructuración del estilo de vida que incluya al menos 150 min/semana de actividad física y cambios nutricionales que consigan, si es necesario, una pérdida de peso del 5%-7%.

    Recomendaciones generales para personas con diabetes:

    • El American College of Sports Medicine (ACSM) recomienda que cualquier persona sedentaria y diabética que quiera comenzar a realizar actividad física se realice un chequeo médico. Sin embargo, otros autores (Colberg et al., 2016). consideran que esta recomendación es demasiado conservadora y solo sería necesario el chequeo en personas que quieran realizar actividad física vigorosa (p. Ej. Correr) o con algún signo o síntoma patológico (dolor en áreas cercanas al pecho, mareos constantes, pérdida de conocimiento, etc.). Para más información puedes revisar esta anterior entrada.
    • Los adultos con diabetes deberían de realizar al menos 150 min/semana de actividad física de intensidad moderada-vigorosa en al menos 3 días/semana sin dejar de entrenar 2 días seguidos. Personas con mejor condición física pueden realizar también al menos 75 min/semana de actividad física a intensidad vigorosa o HIIT.
    • Los niños y adolescentes con diabetes tipo 1 o 2 deberían realizar al menos 60 min/día de actividad física moderada-vigorosa (actividades aeróbicas, fortalecimiento muscular, juegos de correr y salto, etc) al menos 3 días/semana.
    • Adultos con diabetes deberían realizar 2-3 sesiones/semana de entrenamiento de fuerza en días no consecutivos.
    • Se recomiendan sesiones de equilibrio y flexibilidad 2-3 días/semana especialmente en personas mayores con diabetes (P. Ej. Yoga, Tai Chi…).
    • Las personas con diabetes deberían realizar un cambio a un estilo de vida más activo con el fin de incrementar sus niveles de actividad física diarios y conseguir beneficios en la salud adicionales.
    • Con el fin de conseguir resultados en la salud más efectivos, se recomienda la participación en programas de ejercicio supervisados por un profesional del Fitness.

    Javier Alonso Álvarez

    Doctorando en Ciencias del Ejercicio y Salud
    Técnico Superior FEDA en Fitness y Entrenamiento Personal
    Máster en Rendimiento Deportivo y Salud

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