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    El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías aéreas caracterizada por episodios de constricción de los bronquios que provocan una reducción del flujo de aire que puede ser mayor o menor dependiendo de la intensidad de las crisis. Las personas asmáticas suelen experimentar, especialmente por la noche o a primeras horas de la mañana, dificultad en la respiración, tos, sibilancias u opresión en el pecho. Además suelen tener una mayor prevalencia de sedentarismo (con las causas que esto conlleva sobre la salud), ya que para ellos la actividad física supone a menudo el detonante de dichos síntomas (ALA, 2008; Garcia-Aymerich et al., 2009; Ritz et al., 2010) y el sobrepeso y la obesidad pueden empeorar la sintomatología de la enfermedad. Aunque entre el 40-90% de las personas asmáticas suelen sufrir síntomas debido a la práctica de ejercicio (Picconatto et al., 2010), el ejercicio regular y constante a lo largo del tiempo puede mejorar la función pulmonar y los síntomas del asma (Garcia-Aymerich et al., 2009; Ritz et al., 2010). En este sentido, la mayoría de asmáticos pueden conseguir realizar ejercicio físico de forma regular siguiendo las pautas adecuadas. Según una revisión que implicó a casi 700 personas asmáticas, se llegó a la conclusión de que el ejercicio en asmáticos es seguro, mejora la función pulmonar y cardíaca, reduce problemas psicológicos y mejora la calidad de vida sin que se tengan que preocupar por un empeoramiento de los síntomas (Chandratilleke et al., 2012).

     

    RESPIRACIÓN

    Las personas con asma pueden ser más sensibles a la temperatura, humedad, cantidad de alérgenos y polución ambiental. En reposo, el aire que entra a los pulmones se humedece, se calienta y se filtra previamente gracias a la respiración nasal. Sin embargo, cuando se realiza ejercicio, especialmente a altas intensidades, se suele realizar la respiración directamente a través de la boca, lo que puede empeorar los síntomas, especialmente en asmáticos con poca experiencia en el entrenamiento.

     

    MEDICACIÓN

    Muchas personas asmáticas utilizan por prescripción médica un broncodilatador como medida rápida ante una crisis asmática. Algunas personas, además, siempre bajo consulta previa con su médico, es posible que se beneficien tomando dicha medicación 15 minutos antes de realizar ejercicio para prevenir los síntomas del asma. Sin embargo, esta medida repetida sistemáticamente puede generar una dependencia a la medicación y además el componente activo del fármaco puede dar positivo en los controles anti-doping en el deporte de competición. En cualquier caso, en ambientes que sean de calor o frío extremos o que los niveles de polen o contaminación sean demasiado altos, no se recomienda la práctica de ejercicio físico al aire libre.

     

    ACTIVIDADES RECOMENDADAS

    Por lo general se recomienda realizar actividades donde los esfuerzos no sean excesivamente duraderos y donde el ambiente sea cálido y húmedo. En este sentido, se pueden recomendar actividades al aire libre en climas favorables como caminar, ciclismo o senderismo. También se han observado beneficios en la calidad de vida de mujeres asmáticas mediante la práctica del yoga (Bidwell, 2012). Asimismo, la natación también se considera una gran elección ya que el aire que se respira suele ser cálido y húmedo, lo que favorece que no aparezcan síntomas (Beggs, 2013). Sin embargo, se recomiendan las piscinas sin cloro ya que así se reducirá la probabilidad del empeoramiento de los síntomas. Por otro lado, también serían recomendables los deportes de equipo que incluyan esfuerzos cortos como el voleibol, el béisbol, actividades de baile o los deportes de lucha. En contraposición, las actividades en las que puede existir una mayor dificultad para realizarlas o en donde los síntomas pueden empeorar y habría que prestar más atención a estos incluirían el senderismo en alta montaña o deportes de altitud, el fútbol, las carreras de media-larga distancia (>5 km), baloncesto o deportes de invierno como el esquí, patinaje o el hockey sobre hielo (Del Giacco et al., 2015).

     

    RECOMENDACIONES DE EJERCICIO

    Con respecto al entrenamiento cardiovascular, que es el tipo de entrenamiento donde mayor atención se tendrá que poner en los asmáticos, se recomienda realizar actividades aeróbicas que involucren los grandes grupos musculares (caminar, correr, bicicleta, nadar o ejercicios en piscina…) con una frecuencia de 3-5 días/semana a una intensidad del 40-59% de la FCreserva inicialmente, progresando dependiendo de la tolerancia hasta el 70% de la FCreserva tras un mes de entrenamiento. La duración de cada entrenamiento diario deberá estar entre los 20 y 40 minutos de duración, aunque es muy probable que sea imposible conseguirlo en asmáticos iniciantes, por lo que se deberá llegar a dicho objetivo de forma progresiva a lo largo de los días o realizando intervalos de alta intensidad de 2-3 minutos (ACSM, 2016; Lucas & Platts-Mills, 2005).

     

    Con respecto al entrenamiento de la fuerza muscular, se recomienda entrenar con una frecuencia de 2-3 días no consecutivos a una intensidad del 50-70% 1RM en iniciantes y mayor al 80% 1RM en entrenados, siempre teniendo en cuenta la tolerancia a los esfuerzos. Se deberían realizar 2-4 series de 8-12 repeticiones para mejorar la fuerza. Para mejorar la resistencia muscular con realizar 1-2 series de 15-20 repeticiones a una intensidad menor al 50% 1RM sería suficiente. Se pueden realizar ejercicios tanto guiados en máquina, como peso libre o con el propio peso corporal (ACSM, 2016).

     

    OTROS ASPECTOS A TENER EN CONSIDERACIÓN (ACSM, 2016)

    – Realizar siempre un calentamiento y una vuelta a la calma extensos y progresivos en intensidad. 

    – Intentar inspirar siempre que sea posible por la nariz en lugar de por la boca.

    – En ambientes fríos que puedan empeorar los síntomas, se recomienda utilizar una máscara o prenda que tape la nariz y boca.

    – Evitar el ejercicio al aire libre cuando los niveles de polen sean demasiado altos (meses de primavera especialmente).

    – Evitar el ejercicio al aire libre cuando los niveles de contaminación ambiental sean demasiado altos.

    – No realizar ejercicio en caso de encontrarse mal o con síntomas de asma. Esperar a volver a encontrarse bien y sin síntoma alguno para entrenar.

    – Evitar realizar esfuerzos extenuantes extensos durante el ejercicio (aquellos que te llegan a dejar sin respiración), especialmente si el nivel de entrenamiento es bajo.

    – Cuando el médico haya prescrito un broncodilatador para los síntomas del asma, se debe llevar siempre encima cuando se vaya a realizar ejercicio, puede salvar la vida ante un ataque.

     

    Javier Alonso Álvarez @javieralonsofitness
    Ldo. En Ciencias de la Actividad Física y del Deporte
    Máster en Rendimiento Deportivo y Salud
    Técnico Superior FEDA en Fitness y Entrenamiento Personal

    Foto de Javier, entrenador personal

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