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    Conseguir un desarrollo personal óptimo y una mejor calidad de vida son cuestiones que la sociedad hoy considera importantes y necesarias. Nadie duda ya del valor y trascendencia que tiene la actividad física realizada de manera regular para mejorar dichos aspectos tanto en adultos como en niños. Refiriéndonos a estos últimos, la población infantil, añadiremos que la mayoría de niños y adolescentes españoles no realiza actividad física suficiente como para conseguir beneficios variados ya que se limitan a su práctica en las clases de educación física del horario escolar. Estas resultan insuficientes por tratarse de dos sesiones semanales de una hora aproximadamente y su ritmo de vida extraescolar se centra más en actividades intelectuales, sin duda importantes pero exentas de movimiento. Esa inactividad física es un factor importante en el incremento de la obesidad en edades tempranas y de otros trastornos que afectan a esta población, no solo en España sino en la mayoría de los países europeos.

    En nuestro ímpetu por potenciar el movimiento entre los más jóvenes, luchamos además contra un cambio drástico producido en las últimas décadas en las actividades realizadas por los niños y niñas en su tiempo de ocio. Pasamos de una prevalencia de juegos activos al aire libre, la mayor parte de ellos colectivos y cooperativos  hace algunos años, a una dedicación mayoritaria a juegos individuales y sedentarios propiciados por el uso excesivo y mal programado de videojuegos, televisión o internet en la actualidad.

    La actividad física en la población infantil afecta, no solo a su salud física, sino también a la psicológica y social. Por ello, esa actividad  no puede reducirse solo a los aspectos motores sino que ha de englobar otros como los expresivos, comunicativos, afectivos, cognitivos y lúdicos que afectarán a su salud emocional. Valoraremos el movimiento desde la educación para la salud pero también como medio de enriquecimiento y disfrute personal además de mecanismo necesario para una buena socialización con compañeros y compañeras del entorno. Tampoco podemos olvidar que cualquier actividad física realiza una función de compensación en cuanto que el movimiento compensa el sedentarismo habitual de nuestra sociedad urbana contemporánea.

    Existen múltiples cuestiones a tener en cuenta en una programación de actividades físicas o deportivas dirigida a niños y niñas en edad escolar. En ellas incluiremos contenidos destinados a alcanzar unos objetivos variados y  óptimos, que ayudarán a conseguir esa educación integral que pretendemos, repleta de indudables beneficios:

    1. Óptimo desarrollo psicomotriz del niño/a produciendo una mejora y aumento de sus posibilidades motoras, fuerza, coordinación, etc. además  de mejorar sus funciones cardiovasculares como prevención de futuras enfermedades cardiovasculares en su ser adulto.
    2. Expresarse a través del movimiento y la expresión corporal huyendo de actividades estandarizadas y exclusivamente deportivas y así conocer otras maneras de divertirse y relacionarse aumentando su bagaje motor.
    3. Desarrollo de las capacidades físicas. Debemos orientar la disciplina hacia un desarrollo de las capacidades y habilidades instrumentales, entre otros objetivos,  con el objetivo de perfeccionar o aumentar las posibilidades de movimiento. Actividades relacionadas con el trabajo cardiovascular (aeróbico), la fuerza y la resistencia muscular trabajada con el peso de la propia persona (comba, escalada…), el peso de un compañero u otras actividades como lanzamientos, transportes, etc., la flexibilidad y la coordinación, entre otras.
    4. Relacionarse con otras personas. La actividad física es un  elemento socio-integrador. Ayuda al niño/a a superar la timidez y a tener más confianza en sí mismo, hecho que repercutirá de manera positiva en otros aspectos de su vida como el rendimiento escolar.
    5. Conservación y mejora de la salud. No hay que olvidar las estadísticas que apuntan a porcentajes significativos y preocupantes de nuestros niños/as con sobrepeso y a un número elevado también de obesos infantiles en la actualidad, debido al sedentarismo y mala alimentación, con las consiguientes repercusiones no sólo físicas sino psíquicas y sociales que esa realidad conlleva. Dentro de esta mejora de la salud incluiríamos también la contribución de la actividad física a la adecuada maduración de su sistema óseo y muscular. En resumen, la creación de hábitos saludables: ejercicio físico regular, alimentación saludable y, no olvidemos, higiene tanto postural como corporal.
    6. Disfrute con el ejercicio físico no competitivo y reconocimiento de este como una actividad de ocio. La actividad física ha de tener un carácter abierto, sin limitaciones por niveles de habilidad u otros criterios de discriminación.
    7. Nivelación de las restricciones del medio. Uso excesivo del transporte para desplazamientos, abuso de la televisión, videojuegos, ordenadores…
    8. Conocimiento y valoración de su cuerpo. Cada alumno/a alcanzará el nivel que sus posibilidades le permitan sin forzarle a conseguir retos imposibles. Es interesante incidir en la importancia de la propia aceptación, de sentirse bien con el propio cuerpo y de mejorarlo y utilizarlo eficazmente. Este conocimiento, por otra parte, le ayudará a regular el exceso de energía canalizando sus impulsos.
    9. Conocimiento de sí mismo. El movimiento es uno de los instrumentos cognitivos de la persona tanto para conocerse a sí mismo como para explorar y comprender el entorno más cercano. Niños y niñas tomarán conciencia de su cuerpo y del mundo que les rodea.
    10. Evitar discriminaciones. Seleccionar actividades que  ayuden  a evitar discriminaciones por razón de sexo, en contra de los estereotipos sociales aún vigentes hoy en algunos sectores de la población  que asocian el binomio “ritmo y movimiento” a chicas y los elementos de fuerza y competición a chicos. Planteada nuestra actividad de manera lúdica (situaciones de juego) y cercana a los intereses del alumno/a, este desequilibrio niño-niña se atenuará. Es por ello que el trabajo cooperativo adquiere aquí una importancia especial ya que el niño con el trabajo colectivo aprenderá no solo a cooperar sino también a asumir responsabilidades individuales dentro del grupo. Ello facilitará el respeto hacia el otro y la necesidad de unir fuerzas para la consecución de un objetivo común.

    Para concluir, hay que recordar que el/la niño/a busca generalmente divertirse por lo que esto debe ser una constante en la aplicación y desarrollo de las sesiones. Intentar que el alumno esté motivado y se divierta al mismo tiempo que mantiene y/o mejora su salud y condición física es todo un reto intentando mostrarles que la competición y otras  exigencias se encuentran en un nivel inferior al disfrute personal y grupal.  Una tarea difícil pero gratificante, muy gratificante.

    Miguel Vidigal Silva

    Maestro especialista en Educación física.

    Autor del libro “Jugar con el aeróbic. Manual de aeróbic infantil”.

    Técnico Superior FEDA en actividades dirigidas con soporte musical.

    Técnico Superior FEDA en fitness acuático.

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