• El boletín informativo para el personal médico ‘Actualidad en investigación’ ya nos hacía partícipes en 2006 de la seriedad que representaban la obesidad y el sobrepeso en la población española a comienzos del siglo XX. Por ejemplo, destacamos algunas citas de esta publicación:

    • “Los datos epidemiológicos recogidos en diferentes países del mundo indican un aumento de la prevalencia de la obesidad en la mayor parte de los mismos”
    • “Es bien conocido que los aumentos de peso moderados tienen repercusiones negativas para la salud, y se ha demostrado que la obesidad severa acorta la esperanza de vida”
    • “Las personas obesas sufren importantes problemas de relación, experimentando, en ocasiones, rechazo social”
    • “El origen de la obesidad humana es, en la mayor parte de los casos, multifactorial, fruto de diversas interacciones entre factores genéticos y ambientales. El aumento de la obesidad en los países occidentales se explica, generalmente, por el cambio experimentado en nuestro estilo de vida y en nuestros hábitos alimentarios”
    • “Las importantes dimensiones que este hecho está adquiriendo en las sociedades desarrolladas han propiciado que el sobrepeso y la obesidad sean un importante problema de salud pública, que en la actualidad se considera de magnitud epidémica”

    Si a todo ello añadimos que los niños y niñas son, como en todo conflicto o problema, los más afectados, especial atención merece por tanto la obesidad infantil, ya que la infancia es un período nutricional crítico. Muchos adultos obesos inician su enfermedad en la infancia-adolescencia, debiendo adaptar a sus necesidades las dietas alimenticias para evitar repercusiones negativas en un futuro.

    El estudio “enkid”, publicado en 2003 y realizado en niños y jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 2 y los 24 años reveló, entre otros, una existencia de obesidad infantil y juvenil en torno al 14% y de sobrepeso alrededor del 12% en niños y niñas entre los 6 y los 13 años.

    Otros análisis más recientes como el ‘Aladino’ o estudio de vigilancia del crecimiento, alimentación, actividad física, desarrollo infantil y obesidad en España 2013, entre otros,  siguen aportando datos alarmantes como el 26,2% de sobrepeso infantil  y 18,3% de obesidad en este grupo poblacional. Cifras que nos deberían preocupar y hacer reflexionar  a todos los sectores que, de una manera u otra, trabajamos con niños y adolescentes.

    Resulta interesante, por otro lado, resaltar el dato que hace referencia al mayor riesgo de presentar obesidad entre aquellos niños y niñas que omiten el desayuno. Hecho conocido por los educadores físicos que, desde hace varios años incorporamos programas de alimentación saludable (diseñados por Consejerías y Ayuntamientos) a nuestras clases de Educación Física para intentar paliar el desconocimiento y/o dejadez que existe al respecto en muchas familias.

    La realidad ilustra cómo un número elevado de niños y niñas entre 6 y 12 años  acuden a sus centros educativos sin ingerir ningún alimento, agravado esto con el consumo de chucherías y bollería industrial de manera generalizada en el período de recreo (en torno a las 11.30 horas, dependiendo del centro escolar). Sin la implicación directa de padres y madres es impensable solucionar el problema. No olvidemos que luchamos, de manera general,  contra factores ambientales como la llamada ‘transición nutricional’. Este proceso, experimentado en España en las últimas décadas, se caracteriza porque nuestra tradicional dieta mediterránea -que incluye una alta ingesta de frutas, verduras, hortalizas, aceite de oliva y un consumo habitual de pescado y lácteos- está siendo rápidamente reemplazada por otra con mayor densidad energética, en la que ha aumentado el aporte de grasas y azúcares y ha disminuido el consumo de hidratos de carbono complejos y de fibra.

    También para los especialistas médicos el agente más importante en el tratamiento de la obesidad infantil, además de las acciones que podamos realizar los educadores, son los padres, ya que los hijos tienden a identificarse con ellos y en el futuro reproducirán sus hábitos. Preparar una dieta global para toda la familia en las comidas conjuntas y planificar las comidas regulares que se hacen individualmente (media mañana y merienda), además de aconsejar, fomentar y propiciar el ejercicio físico serían los tratamientos básicos y preventivos a aplicar sobre niños y niñas.

    Conseguir una alimentación saludable (planificar menús entre toda la familia, debatir sobre la ingesta o no de algunos alimentos…), practicar ejercicio físico moderado con regularidad, apoyar conductas positivas en vez de censurar constantemente las negativas y acudir a un especialista médico cuando sea necesario (que determinará la administración o no de fármacos en casos más graves) son pautas muy concretas de actuación para padres y educadores.

    En la cadena de responsabilidades cada colectivo tiene su eslabón ya que todos y todas somos piezas necesarias del engranaje. El de los educadores físicos (profesores de Educación Física de secundaria, maestros especialistas en Educación Física, técnicos deportivos, etc.) es diseñar sesiones prácticas seguras, divertidas, coherentes y efectivas para el bienestar físico, psíquico y social de nuestra población infantil además de sugerir a niños y familias sobre la importancia de una alimentación saludable en el desarrollo de sus hijos y de la alarmante y creciente subida de los porcentajes de sobrepeso y obesidad infantil desde finales de siglo XX hasta la actualidad. Así contribuiremos de manera directa a su desarrollo integral.

    Miguel Vidigal

    Maestro especialista en Educación Física.

    Técnico superior FEDA en fitness acuático.

    Técnico superior FEDA en actividades dirigidas con soporte musical.

    Autor del libro: Jugar con el aeróbic. Manual de aeróbic infantil. Ed. Bubok.com

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