• correr

    Un reciente estudio publicado en Nature confirma por primera vez que el ejercicio puede ser beneficioso para los discos intervertebrales (Belavy et al., 2017). Estos discos compuestos de colágeno, elastina y agrecano se encuentran entre las vértebras de la columna, actúan como nexo de unión entre estas y ofrecen apoyo y movilidad al raquis en todos los planos de movimiento. Con la edad se produce una degeneración de estas estructuras de tejido blando (Raj, 2008) que, a pesar de pasar desapercibida en muchas personas (Boden et al., 1990), está asociada a padecer dolor lumbar (Luoma et al., 2000), ciática y hernias discales.

    Hasta la fecha, lo que ya se sabía era la importancia que tenía el ejercicio sobre la reducción en la pérdida de masa ósea vertebral (osteopenia y osteoporosis), pero poco se conoce sobre qué factores son beneficiosos para el tejido de los discos o cómo puede afectar el ejercicio físico a los discos intervertebrales. Además, existen varios estudios que demuestran que algunos movimientos repetidos que realiza en la vida diaria el ser humano pueden ser lesivos para los discos intervertebrales, como por ejemplo la flexión del tronco bajo carga (Adams & Hutton, 1986), la torsión (Schmidt et al., 2009) o la combinación de ambos movimientos (McGill, 2002). Sin embargo, no existía hasta la fecha información en la literatura científica que ofreciera pautas sobre la dosis de ejercicio físico que pudiera ser beneficiosa para fortalecer los discos intervertebrales en humanos, aunque previamente otros experimentos con ratas sí que han obtenido resultados positivos (Sasaki et al., 2012, Alini et al., 2008).

    Los investigadores del estudio, basándose en los resultados de investigaciones en animales,  plantearon el trabajo pensando que las personas que fueran corredores regulares tendrían unos discos intervertebrales más sanos que personas sanas que no fueran físicamente activas. Además se planteó la posibilidad de que, dependiendo del volumen de entrenamiento de los corredores, los efectos beneficiosos sobre los discos intervertebrales iban a ser también diferentes. Para ello se tomaron imágenes de resonancia magnética de los discos intervertebrales lumbares de 30 corredores muy entrenados (>50 km/semana), 25 corredores de nivel medio (20-40 km/semana) y 24 personas sedentarias sanas. Los resultados del estudio confirmaron la hipótesis de los investigadores, ya que se observó, por una parte, que los corredores tenían unos discos intervertebrales lumbares más sanos y de mayor tamaño (mejor hidratados) que los sedentarios y, por otra parte, que existía una tendencia a obtener mejores resultados cuantos más kilómetros corrían los participantes. Se puede pensar que este proceso de aumento del tamaño de los discos intervertebrales (hipertrofia) en respuesta al impacto y las fuerzas que produce el ejercicio de la carrera puede ser comparable al proceso que sufre el músculo durante un entrenamiento de fuerza muscular (ACSM, 2009).

    Por otra parte, las actividades con menor impacto sobre estos tejidos como estar tumbados o sentados, así como las actividades con demasiado impacto vertebral como esprintar, levantar pesos grandes (20 kg) o actividades de salto, podrían ser menos eficaces e incluso llegar a ser lesivas para los discos intervertebrales (Roaf, 1960; Wilke et al., 1999). Además, aunque podemos especular con la idea de que ciertos tipos de ejercicio puedan ayudar a reparar un disco intervertebral con degeneración, parece claro (Le Maitre et al., 2008) que un disco ya dañado o degenerado posiblemente no responda a las cargas de entrenamiento de la misma forma que lo hace un disco sano, por lo que todavía está por investigar si estas mejoras que se observan en discos intervertebrales sanos también podrían producirse en discos con degeneración y en qué medida.

    Los resultados de este estudio demuestran que actividades como correr a baja velocidad o caminar rápido pueden ser más beneficiosas para mejorar la salud estructural de los discos intervertebrales de la columna en personas sanas y esto podría reducir el riesgo o retrasar la aparición a medio o largo plazo de dolor lumbar, protrusiones o hernias discales.

    Javier Alonso Álvarez

    Doctorando en Ciencias del Ejercicio y Salud
    Técnico Superior FEDA en Fitness y Entrenamiento Personal
    Máster en Rendimiento Deportivo y Salud

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